1) Salí
2) Emborrachate
3) Seguí tomando
4) Tomá hasta vomitar
5) Vomitá
6) Tomate un analgésico
7) Esperá que pase la resaca
8) Perdonala
9) Perdonate
10) Volvete a enamorar
martes, 19 de abril de 2011
miércoles, 2 de marzo de 2011
Varguitas
Somos muchos los que no entendemos tamaño fundamentalismo. Para una discusión con 10 botellas de vino de por medio, iría bien. Pero a esto no hay sensatez que lo digiera.
Pregunté ayer, muy honestamente, quién es más autoritario: un Nobel que dice lo que piensa o un intelectual que no quiere que oficie la apertura de la Feria del Libro por eso que piensa.
De todo lo que leí sobre el asunto, me quedo con esta nota, por espontánea y lógica. Y de eso, con el párrafo en el que Juan Cruz se sincera y nos incluye a todos:
"los que no entendemos lo que pasa somos nosotros, pues es la primera vez en la historia conocida que a un lector se le dice que no vaya a hablar a una Feria del Libro, y además a una feria de las ferias, acaso la feria más rabiosamente literaria del mundo de habla española, en uno de los países más rabiosamente literarios del mundo".
Pregunté ayer, muy honestamente, quién es más autoritario: un Nobel que dice lo que piensa o un intelectual que no quiere que oficie la apertura de la Feria del Libro por eso que piensa.
De todo lo que leí sobre el asunto, me quedo con esta nota, por espontánea y lógica. Y de eso, con el párrafo en el que Juan Cruz se sincera y nos incluye a todos:
"los que no entendemos lo que pasa somos nosotros, pues es la primera vez en la historia conocida que a un lector se le dice que no vaya a hablar a una Feria del Libro, y además a una feria de las ferias, acaso la feria más rabiosamente literaria del mundo de habla española, en uno de los países más rabiosamente literarios del mundo".
jueves, 28 de octubre de 2010
viernes, 30 de julio de 2010
Sobre llovido...
Cada vez que llueve caigo en el mismo olvido, y en la misma queja:
¡Los techitos son para los que no tienen paraguas, manga de precavidos insensatos!
jueves, 15 de julio de 2010
domingo, 4 de julio de 2010
Sufrir, sufrir, sufrir
Esto se siente como si te hubiesen metido en el cuentito de Hansel y Gretel, y la casita, en lugar de chocolates y caramelos, fuese de mierda (la única parte buena del cuento era esa, y ni esa te queda), y te la comieras igual.
Y encima una tiene la certeza de que va a tener que comer mierda toda la semana, leyendo las discusiones de maradonianos vs. antimaradonianos, interpretadores de los fracasos, analistas que rechazan la ola de exitismo de las primeras fechas, opinators que analogan el país con el equipo del Diego, profetas engolosinados con el 'yo lo dije'. Muchachos, por favor, tengan un poco más de respeto: déjennos sufir en paz.
domingo, 20 de junio de 2010
Pisar mierda es una mierda
Resulta que algún optimista empedernido un día sentenció que si uno pisa mierda, andará con buena suerte por la vida; o que cuando se hace torta el codo, va a llegar plata; o que una estampida de paloma en la cara encierra la promesa de un futuro promisorio.
Entonces el lunes una pisa un sorete blando de perro cuando está yendo a la oficina. Entra y, con el zapato embadurnado con un bando más potente que vuvuzela en mundial de Sudáfrica, las compañeras la alientan: ¡Es buena suerte! Y aunque la gente se aparta a medida que avanzas y las miradas que te profieren juran que recurris al aseo personal una vez por semana, la pavota se ilusiona.
Y te anotas en un curso, y no apareces ni en la lista de espera.
Y te suena el celular 20 veces por día, y nunca, en ninguno de esos ring, ves en la pantalla el número que querías atender (y el optimista empedernido va a salir con que ‘por lo menos te suena’, ‘por lo menos te invitan’, ‘por lo menos....’. Asumilo: eso no es optimismo: es rifarse).
Y querés tirarte tranquila a mirar una película, y se te cae el vaso de vino completo sobre el sofá blanco y la pollera que más te gusta.
Y terminás de arreglar la gotera de la canilla de la cocina, y se te rompe la cadena del baño.
Y lográs destapar la cañería a fuerza de meter mano en la inmundicia de la rejilla, esa que escupe agua cada vez que queres lavar los platos, y hace cortocircuito la luz de la cocina y ya ni siquiera podes prever si el líquido te va a mojar las patas.
Y ya dudas de volver a reparar algo de la casa, porque seguro lo que se va a romper después es peor, más caro, más difícil de solucionar.
Y entonces caes en la cuenta de que estos optimistas de porquería que inventaron esos pequeños consuelos para no asumir que el mundo es tan mierda como la que pisaste, son unos reverendos estúpidos.
Y concluís que la gente se divide en dos categorías: los pesimistas ignorantes y desinformados que en todo lo malo ven algo bueno, y los imbéciles que de vez en cuando les creemos.
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